|
| VIVIR UNA
RELACIÓN
DE PAREJA |
Si escuchamos la letra
de tantas y tantas canciones románticas,
encontrarernos frases como: "No puedo vivir sin ti", "Me
moriría si te vas", "Sin ti me falta un porqué", "No
hay más infierno que tu ausencia"... Si analizamos
con cuidado estas palabras, llegamos a la conclusión
de que son más propias de un niño que de un adulto.
Para un niño, la ausencia de los padres es vivida como
un infierno, pues, sin ellos, podría morir. Por
lo tanto, el mensaje popular que puebla las canciones se refiere
al amor
de pareja en su versión infantil.
Partiendo de esta afirmación, cabe preguntarse: ¿Es
la pareja una relación entre niños o entre adultos? ¿Se
trata de una relación materno o paterno filial? ¿Qué es
legitímo y razonable pedir y esperar en una relación? ¿Qué corresponde
al niño y qué al adulto?
Dentro de nuestra alma, vive nuestro "niño
interior". Él
es el bagaje de emociones y sentimientos reprimidos de dolor,
frustración, abandono, sentimientos de injusticia, temor,
rechazo y soledad sufridos durante la infancia. Estos sentimientos
y emociones yacen él la mente y el corazón de
la persona adulta dado que no pudieron ser superados durante
la infancia porque en esa edad el niño no estaba en
capacidad de explicarse en forma lógica y realista las
causas de sus carencias y dolor.
Gran parte de los problemas de la pareja no se deben a la falta
de amor, sino más bien a las dificultades para gestionarlo
y vivirlo de manera que procure bienestar. La buena gestión
del amor nos invita a esperar lo que sí podemos esperar
y a no esperar lo que está más allá de
lo posible. |
|
| |
| VIVIR UNA RELACIÓN
DE PAREJA: UN CAMINO HACIA LA MADUREZ |
Algunas personas, quizá sin darse
cuenta, transfieren a su pareja el deseo de recibir lo que les
quedó pendiente
en su infancia. Al ser la pareja un vínculo tan profundo,
se actualizan en ella los deseos y los temores más infantiles.
Por eso en la pareja podemos vivir los más intensos tormentos
emocionales, las más grandes desdichas y turbulencias,
o bien el mayor éxtasis junto con la pasión, la
amistad y el acompañamiento.
En ocasiones, a través de la pareja compensamos o reparamos
algo que nos pasó con nuestros primeros vínculos,
pero sólo si fue poco. Cuando es mucho, esperarlo de nuestra
pareja es excesivo ya que, a pesar deI amor, no puede dámoslo,
pues no le corresponde. Nuestra pareja no puede damos lo que
no pudimos recibir de nuestros padres.
Sin embargo, sí hay cosas que podemos esperar de la pareja.
Al comprometernos, experimentamos de nuevo la dulce sensación
de pertenencia, tal como la experimentamos de niños con
nuestra familia de origen. La diferencia es que, ahora, nosotros
hemos elegido
a nuestro compañero y creado el marco que funda una
nueva familia. |
|
| |
La
pareja es el camino que nos conduce a dejar de ser niños
dependientes para convertimos en adultos. Nuestra
relación no sólo nos conduce a la felicidad,
tambien nos confrontará con problemas que potencialmente
nos harán crecer. Encarando las dificultades y asumiendo
los limites de lo posible en nuestra relación ganamos
madurez. Nos volvemos más adultos y reales. |
|
| |
| LO QUE SÍ PODEMOS ESPERAR |
En otro sentido, la
pareja es una relación
de acompañiamiento
en los avatares de la vida, y sentimos el derecho a esperar esta
compañia. También la pareja inicia su sentido
a través de la sexualidad, de manera que ampara nuestras
necesidades de placer, intimidad y confianza física. Asimismo,
es un espacio privilegiado para integrar y respetar la diferencia:
ya sea de género o porque venimos de distintas familias,
historia, cul tura... En la pareja aprendemos a respetar lo
diferente.
No tenemos derecho a esperar, en cambio, que nuestras fantasías
se vean cumplidas y nuestros temores apaciguados, que nuestras
viejas heridas se euren... Si ocurre algo, o mucho, de eso
es un regalo. |
|
| |
| RELACIONES
ENRIQUECEDORAS Y CRECIMIENTO PERSONAL |
Algunas parejas establecen
pautas de intercambio y convivencia que nutren y enriquecen.
Otras se anclan en pautas
que empobrecen
y tensan. Las parejas que se nutren saben expresarse el reconocimiento
hacia lo que el otro da y hace, de manera que invitan a aumentar
el ciclo positiva del dar y el recibir. Otras parejas, en cambio,
sólo manifiestan sus reproches y se arriesgan a que
su intercambio sea menos que dos. No tienen en cuenta que el
bienestar
se da cuando uno más uno son dos e, incluso, un poco
más.
Vivimos en un tiempo y en una cultura en la que la pareja pertenece
a la libertad de las personas y no a las necesidades del grupo
social o la familia como antaño. Si una pareja está bien
apoyada en un entorno mayor, las expectativas del uno hacia
el otro disminuyen porque ya no son el centro asoluto de su
mundo. En nuestra sociedad individualista, las expectativas
sobre la pareja son enormes - por ejemplo, la de que nos haga
felices - y, cuando las cosas van mal, la tentación de
regresar al terruño protegido del propio "yo" es
muy grande.
Acabaremos con lo que dijo en su dia un gran maestro. Ser feliz
en pareja es muy sencillo, sólo hay que cumplir un requisito: "Desear
espontáneamente que el otro sea feliz".
Pensar que tiene que ser al revés es una forma segura
de que no funcione. |
|
| |
No
pedir el imposible: Esperar
que nuestra pareja cubra todas nuestras
carencias será el
motivo de frustración. La pareja puede amarnos y acompañarnos,
pero no puede resolver conflictos propios de nuestra infancia.
El amor adulto disfruta de lo que el otro puede dar. |
|
| |
|
 |
¿Quieres aprender vivir una relación
feliz de pareja ?
Apúntate a un taller o ven a mi consulta |
|
| |
|