"Aprendemos a amar no cuando encontramos a la persona perfecta,
sino cuando llegamos a ver de manera perfecta
a una persona imperfecta."
Sam Keen

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VIVIR UNA RELACIÓN DE PAREJA
Si escuchamos la letra de tantas y tantas canciones románticas, encontrarernos frases como: "No puedo vivir sin ti", "Me moriría si te vas", "Sin ti me falta un porqué", "No hay más infierno que tu ausencia"... Si analizamos con cuidado estas palabras, llegamos a la conclusión de que son más propias de un niño que de un adulto. Para un niño, la ausencia de los padres es vivida como un infierno, pues, sin ellos, podría morir. Por lo tanto, el mensaje popular que puebla las canciones se refiere al amor de pareja en su versión infantil.
Partiendo de esta afirmación, cabe preguntarse: ¿Es la pareja una relación entre niños o entre adultos? ¿Se trata de una relación materno o paterno filial? ¿Qué es legitímo y razonable pedir y esperar en una relación? ¿Qué corresponde al niño y qué al adulto?
Dentro de nuestra alma, vive nuestro "niño interior". Él es el bagaje de emociones y sentimientos reprimidos de dolor, frustración, abandono, sentimientos de injusticia, temor, rechazo y soledad sufridos durante la infancia. Estos sentimientos y emociones yacen él la mente y el corazón de la persona adulta dado que no pudieron ser superados durante la infancia porque en esa edad el niño no estaba en capacidad de explicarse en forma lógica y realista las causas de sus carencias y dolor.
Gran parte de los problemas de la pareja no se deben a la falta de amor, sino más bien a las dificultades para gestionarlo y vivirlo de manera que procure bienestar. La buena gestión del amor nos invita a esperar lo que sí podemos esperar y a no esperar lo que está más allá de lo posible.
 
 VIVIR UNA RELACIÓN DE PAREJA: UN CAMINO HACIA LA MADUREZ
Algunas personas, quizá sin darse cuenta, transfieren a su pareja el deseo de recibir lo que les quedó pendiente en su infancia. Al ser la pareja un vínculo tan profundo, se actualizan en ella los deseos y los temores más infantiles. Por eso en la pareja podemos vivir los más intensos tormentos emocionales, las más grandes desdichas y turbulencias, o bien el mayor éxtasis junto con la pasión, la amistad y el acompañamiento.
En ocasiones, a través de la pareja compensamos o reparamos algo que nos pasó con nuestros primeros vínculos, pero sólo si fue poco. Cuando es mucho, esperarlo de nuestra pareja es excesivo ya que, a pesar deI amor, no puede dámoslo, pues no le corresponde. Nuestra pareja no puede damos lo que no pudimos recibir de nuestros padres.

Sin embargo, sí hay cosas que podemos esperar de la pareja. Al comprometernos, experimentamos de nuevo la dulce sensación de pertenencia, tal como la experimentamos de niños con nuestra familia de origen. La diferencia es que, ahora, nosotros hemos elegido a nuestro compañero y creado el marco que funda una nueva familia.
 
La pareja es el camino que nos conduce a dejar de ser niños dependientes para convertimos en adultos. Nuestra relación no sólo nos conduce a la felicidad, tambien nos confrontará con problemas que potencialmente nos harán crecer. Encarando las dificultades y asumiendo los limites de lo posible en nuestra relación ganamos madurez. Nos volvemos más adultos y reales.
 
 LO QUE SÍ PODEMOS ESPERAR 
En otro sentido, la pareja es una relación de acompañiamiento en los avatares de la vida, y sentimos el derecho a esperar esta compañia. También la pareja inicia su sentido a través de la sexualidad, de manera que ampara nuestras necesidades de placer, intimidad y confianza física. Asimismo, es un espacio privilegiado para integrar y respetar la diferencia: ya sea de género o porque venimos de distintas familias, historia, cul tura... En la pareja aprendemos a respetar lo diferente.
No tenemos derecho a esperar, en cambio, que nuestras fantasías se vean cumplidas y nuestros temores apaciguados, que nuestras viejas heridas se euren... Si ocurre algo, o mucho, de eso es un regalo.
 
 RELACIONES ENRIQUECEDORAS Y CRECIMIENTO PERSONAL
Algunas parejas establecen pautas de intercambio y convivencia que nutren y enriquecen. Otras se anclan en pautas que empobrecen y tensan. Las parejas que se nutren saben expresarse el reconocimiento hacia lo que el otro da y hace, de manera que invitan a aumentar el ciclo positiva del dar y el recibir. Otras parejas, en cambio, sólo manifiestan sus reproches y se arriesgan a que su intercambio sea menos que dos. No tienen en cuenta que el bienestar se da cuando uno más uno son dos e, incluso, un poco más.
Vivimos en un tiempo y en una cultura en la que la pareja pertenece a la libertad de las personas y no a las necesidades del grupo social o la familia como antaño. Si una pareja está bien apoyada en un entorno mayor, las expectativas del uno hacia el otro disminuyen porque ya no son el centro asoluto de su mundo. En nuestra sociedad individualista, las expectativas sobre la pareja son enormes - por ejemplo, la de que nos haga felices - y, cuando las cosas van mal, la tentación de regresar al terruño protegido del propio "yo" es muy grande.
Acabaremos con lo que dijo en su dia un gran maestro. Ser feliz en pareja es muy sencillo, sólo hay que cumplir un requisito: "Desear espontáneamente que el otro sea feliz". Pensar que tiene que ser al revés es una forma segura de que no funcione.
 
No pedir el imposible: Esperar que nuestra pareja cubra todas nuestras carencias será el motivo de frustración. La pareja puede amarnos y acompañarnos, pero no puede resolver conflictos propios de nuestra infancia. El amor adulto disfruta de lo que el otro puede dar.
 

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